Pasan las horas y la locura no para. La marea celeste y blanca sigue completamente firme en la calle San Martín: nadie se mueve, nadie quiere que esta tarde-noche histórica se termine.
A puro bombo, bandera y con las gargantas ya cansadas pero que siguen cantando con el alma, Comodoro demuestra una vez más que tiene el mejor aguante del país. ¡La ilusión de estar en una nueva final del mundo se festeja hasta que no quede más voz! 
