UNA NUEVA POSTAL PARA LA CIUDAD: UN IMPONENTE MURAL DE 5.300 M² TRANSFORMA LA FACHADA DEL ASTILLERO DE COMODORO

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Titulada “Proyección al Mar”, la monumental intervención artística estuvo a cargo del muralista Juan Francisco Mondello. La obra busca acompañar la reactivación productiva de la industria naval y rendir homenaje a los trabajadores del puerto.

COMODORO RIVADAVIA (R360) — El paisaje costero de Comodoro Rivadavia luce un rostro renovado. Allí donde el predio del Astillero Patagonia Naval custodia la historia productiva del puerto local, un imponente mural de 5.300 metros cuadrados transformó por completo las cuatro fachadas del edificio industrial, ofreciendo una postal cargada de arte, color e identidad marítima para quienes transitan por la costanera y el casco céntrico.

La intervención, bautizada “Proyección al Mar”, fue realizada por el muralista Juan Francisco Mondello, quien lideró el proyecto acompañado por los artistas Juan Gálvez y Matías Díaz. La propuesta surgió con la premisa de acompañar desde la expresión visual el proceso de recuperación y reactivación del establecimiento naval, otorgándole un sello de identidad a una actividad histórica que vuelve a cobrar fuerza.

El homenaje al trabajador naval y el entorno patagónico

La composición rodea de forma integral la estructura e incorpora elementos icónicos del entorno natural y productivo de la región, tales como el mar, los barcos, el sol, la bandera argentina, el horizonte y las gaviotas.

Sin embargo, uno de los componentes más destacados se ubica sobre la fachada oeste, orientada de frente hacia el centro de la ciudad y la costanera: la figura de un soldador en pleno trabajo. La decisión de ubicar esta imagen en ese sector estratégico responde a la intención de situar al trabajador como el primer elemento visible a la distancia, rindiendo un tributo directo a quienes sostienen la industria naval con su oficio cotidiano.

Desafío técnico, altura y clima patagónico

Llevar a cabo una obra de semejante escala implicó un considerable despliegue logístico y una alta exigencia física. La intervención comenzó a principios de septiembre y demandó cerca de 2.000 litros de pintura repartidos en doce tonalidades, las cuales debieron ser preparadas de forma manual en el lugar por los propios artistas para garantizar la uniformidad en toda la estructura.

Para plasmar la obra sobre paredes que alcanzan hasta 26 metros de altura, el equipo debió realizar primero una limpieza profunda de la superficie y posteriormente trabajar de forma diaria sobre plataformas elevadoras, adaptándose a las ráfagas de viento y variaciones térmicas habituales de la zona.

Con esta obra, el emblemático edificio del puerto no solo renueva su fisonomía exterior, sino que deja asentada una huella cultural y un símbolo de identidad para toda la comunidad comodorense.

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